
Se debían un café.
Apenas amoldadas sus carnes a la incómoda butaca del pájaro mecánico, unos labios finos como navajas le susurraron rígidamente “Señor, debe apagar ahora mismo su teléfono”. Levantó levemente su cabeza, vio la mirada policiaca de la azafata clavándose directamente en sus ojos y siguió cabizbajo la orden emanada.
Había logrado, sin embargo, alcanzar a leer el mensaje que recién le había llegado: “…es como si todo sueño alguna vez soñado estuviera fuera de mi alcance…el cacerolazo convulsionó la ciudad y no pude llegar a tiempo…cuando vuelvas seguramente lograremos vernos. Besos”
Sentado en una mesita de un bar sobre una transitada avenida de la ciudad, había ya consumido tres cafés, dos ginebras y todos los atados de cigarrillos de cariño y sin papel que había traído consigo para esa ocasión. La melodía de la banda sonora de “The Hours” de Philip Glass se reproducía ya mecánicamente y por defecto en sus oídos a través del reproductor de su móvil. La muchedumbre alborotada y multicolor que transcurría del otro lado de la ventana no hacía más que enfrentarlo una y otra vez con la silla vacía que llenaría su cita ausente. Virtual.
Todo se había generado en realidad mucho tiempo antes, por un sueño anhelado y amparado en soledades dispersas geográficamente y unidas a través de la tecnología, por una virtualidad transmitida binariamente en forma de bits pixelados, de fotos tamaño carnet, de espacios virtuales, de redes sociales en las que descubres de pronto que los años pasan y que aquella persona que recordabas sonriente y con piel de terciopelo ahora tiene arrugas en el alma. Virtualidad confundida con una realidad intangible pero existente que, al mismo tiempo, transcurre veloz porque si te pierdes un momento te dan por muerto, insultando así hasta al más poético y convencido suicida.
Nos debíamos un café, masticó ácida su boca mientras se ajustaba el cinturón de seguridad ya pronto para el retorno.
Sabía que el cacerolazo nunca había existido.
Sacó de su sobretodo el libro que siempre lo acompañaba. Lo abrió en una página cualquiera y leyó azarosamente la primera frase que secuestrara su vista.
“Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad”. Era como si Jean-Paul (a él le gustaba llamarlo por su nombre) hablara de ella. De él. De todos y ninguno.
Cerró el libro, apoyó su cabeza sobre el respaldo del asiento y cerró los ojos.
Y mientras sentía su cuerpo ganar gravedad elevándose entre las nubes, retornó a su mente aquél acertijo que desde hacía años masturbaba sus sesos: soy yo el que sueña o es el sueño que entra en mí?
El café él ya se lo había tomado. Y con creces.
Ahora se debían un amor.
Apenas amoldadas sus carnes a la incómoda butaca del pájaro mecánico, unos labios finos como navajas le susurraron rígidamente “Señor, debe apagar ahora mismo su teléfono”. Levantó levemente su cabeza, vio la mirada policiaca de la azafata clavándose directamente en sus ojos y siguió cabizbajo la orden emanada.
Había logrado, sin embargo, alcanzar a leer el mensaje que recién le había llegado: “…es como si todo sueño alguna vez soñado estuviera fuera de mi alcance…el cacerolazo convulsionó la ciudad y no pude llegar a tiempo…cuando vuelvas seguramente lograremos vernos. Besos”
Sentado en una mesita de un bar sobre una transitada avenida de la ciudad, había ya consumido tres cafés, dos ginebras y todos los atados de cigarrillos de cariño y sin papel que había traído consigo para esa ocasión. La melodía de la banda sonora de “The Hours” de Philip Glass se reproducía ya mecánicamente y por defecto en sus oídos a través del reproductor de su móvil. La muchedumbre alborotada y multicolor que transcurría del otro lado de la ventana no hacía más que enfrentarlo una y otra vez con la silla vacía que llenaría su cita ausente. Virtual.
Todo se había generado en realidad mucho tiempo antes, por un sueño anhelado y amparado en soledades dispersas geográficamente y unidas a través de la tecnología, por una virtualidad transmitida binariamente en forma de bits pixelados, de fotos tamaño carnet, de espacios virtuales, de redes sociales en las que descubres de pronto que los años pasan y que aquella persona que recordabas sonriente y con piel de terciopelo ahora tiene arrugas en el alma. Virtualidad confundida con una realidad intangible pero existente que, al mismo tiempo, transcurre veloz porque si te pierdes un momento te dan por muerto, insultando así hasta al más poético y convencido suicida.
Nos debíamos un café, masticó ácida su boca mientras se ajustaba el cinturón de seguridad ya pronto para el retorno.
Sabía que el cacerolazo nunca había existido.
Sacó de su sobretodo el libro que siempre lo acompañaba. Lo abrió en una página cualquiera y leyó azarosamente la primera frase que secuestrara su vista.
“Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad”. Era como si Jean-Paul (a él le gustaba llamarlo por su nombre) hablara de ella. De él. De todos y ninguno.
Cerró el libro, apoyó su cabeza sobre el respaldo del asiento y cerró los ojos.
Y mientras sentía su cuerpo ganar gravedad elevándose entre las nubes, retornó a su mente aquél acertijo que desde hacía años masturbaba sus sesos: soy yo el que sueña o es el sueño que entra en mí?
El café él ya se lo había tomado. Y con creces.
Ahora se debían un amor.
Foto: "Sueno" - S. Dalí




17 Voces han hablado:
Dejo que los sueños entren en mi mientras los sueño, lo malo es que una vez que despierto se pierden las conexiones y el sueño se desvanece como el humo del café y los cigarrillos.
Beso grande amigo.
Me declaro perteneciente al grupo moratorio. Debo demasiados amores... o no tantos, pero sí tal vez intensos. Y tal vez también sean de los nacidos en la virtualidad.
Un abrazo para usted, siento que mi comentario no aporta, pero no puedo dejar de hacerlo. Su casa es mi casa también, bien lo sabe, le guste o no :)
(Mire que de esperar, desespero eh!)
Llega un momento en la vida en que el desencanto y la realidad van cogidos de la mano.
Y eso no tiene vuelta atrás.
Saludos.
La Tierra es un sueño enorme que se nutre de sueños más pequeños, tantos como seres humanos la habitan.
Besos.
Un amor pendiente, muchos amores fallidos, y no llega el último amor ( o el primero) je :)
Mierda! Qué cosa tan linda escribiste!
Ojo, que al principio me fue fácil identificarme en la promesa de un cafe y un encuentro virtual...lo que no me fue fácil fue reconocer que el texto era para otra jeje.
La pregunta sobre los sueños, quien domina a quien, es brillante y punzante!
Te debo un mail y no se bien porqué...ya te contesto!!
besos con música de Coldplay...
¿o 'sueño porque el sueño entra en mí'?
Me ha gustado mucho, un abrazo
Bueno creo que ya te he contestado.
;)
Hay veces que el tiempo y sus circunstancias igulan pequeñas y grandes deudas.Igualmente impagables.
...el tiepo y las deudas con el corazon...creo que todos rengueamos de algun amor o de una historia con final esfumado...somos hijos de nuestras decisiones
SALUD Y MAS QUE SUERTE
Los aviones son un buen escenario para tus relatos. Me gusta la idea de deber a alguien un café, creo que a todos nos pasa. Eso sí, deber un amor es algo más serio...
Un abrazo y gracias!
Fabia:
Cuidado con soñar, corres el "riesgo" de que se te hagan realidad. Y seguramente en tu caso así será.
Besazo
rro:
Es mejor deber amores a que te los deban. Se siente mejor.
Viste que sí aportaste?
Besote (claro que es tu casa!!!)
Toro:
Ojalá que ese momento llegue lo más tarde posible.
Gracias por venir, saludos.
Aniki:
Qué bueno ver caras nuevas por aquí!
Puede que sea verdad lo que dices, el tema es que a veces los sueños de unos van en dirección contraria a los de otros.
Gracias por venir, te espero de vuelta.
Frank Invernoz:
Qué bueno que hayas venido!
El último amor es aquel que se recuerda a pesar de todo y todos.
Te espero de vuelta, saludos.
Blonda:
Gracias, a veces me salen cosas decentes je.
Vaya pregunta no?
Besazo grande grande.
Rai:
Muy buen planteo el tuyo. Quizás menos realista, en el sentido cabal de la palabra.
Planteas un estado de sueño constante? Puede ser.
Gracias por venir, abrazo
Veronika:
Sí. Y gracias por venir.
Besote
Te espero en Madrid:
Las deudas impagables no se pueden igualar.
Y la culpa de que hayan ciertas deudas son justamente el tiempo y las circunstancias.
Gracias por venir, te espero de vuelta.
Fuego Negro:
Y no solo de nuestras decisiones. Hay factores externos e incontrolables que nos someten sin que lo quiéramos.
Gracias por venir, te espero de vuelta. Abrazo.
Lucía Corujo:
Los aviones me producen pánico!! jaja.
Deberse un amor vaya si es serio.
Gracias por venir, beso.
Felicidades por el resultado aunque....
Saludos.
Que historia Vocero! Realmente espectacular…. Me encanta la parte que dicen que si te pierdes por un momento te dan por muerto jejejeje… a veces un momento para algunos son años y para otros sólo un “un momento” ... yo soy de las que necesitan el amor y el cariño constante, si no lo tengo igual sigo, nadie me para, pero es más rico cuando lo tienes cerca.
Mandarina:
Todo es relativo.
Por cierto...actualìzate!!
Hay veces que es mucho mejor no salir del sueño. Por no decir todas.
Saludos
Coincido plenamente.
Ojalá mi vida solo fuera un sueño.
Beso
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