
Sentado sobre los escalones de un edificio, te observo comiendo. Con la cabeza gacha y tu masticar automático y solitario como si fuera un ritual forzado, te esfuerzas por tragar bocado tras bocado, sin jamás levantar la vista que se pierde en la inmensidad de tu plato y el vacio físico de tu angustia oral que tanta hambre te provoca. Piel y hueso, la lánguida inmensidad de tus ojos es la angustia del mundo.
Me levanto para acercarme a ti, quizás solo te alcance un gesto, una caricia, un abrazo, sentirte menos sola de lo que estás, criatura activa de un mismo creado.
En el mercadillo dominical el bandoneón del viejo de la esquina tararea un tango añejo con sabor a nostálgica ginebra para alejar a los fantasmas de los fríos, los del tiempo que son y que fueron. Sus ojos brillan intermitentes al ritmo del tintineo del caer, más por inercia y culpa que por ayuda sentida, de cada moneda que rebota sobre las paredes arrugadas de su lata semivacía.
Finalmente te alejaste, a paso lento, metro a metro, baldosa a baldosa, decímetro a centímetro. Justo antes de doblar la esquina claudicaste. Giraste levemente tu cabeza y una leve sonrisa me terminó de despedir.
Hasta la próxima semana, mi dulce ángel, cuando volverás a masticar forzadamente lo que las limosnas deparan para ti. Y para el viejo del bandoneón de la esquina, que las convierte en pan para tus dientes.
Él, tu amo y eterno fiel compañero.
Me levanto para acercarme a ti, quizás solo te alcance un gesto, una caricia, un abrazo, sentirte menos sola de lo que estás, criatura activa de un mismo creado.
En el mercadillo dominical el bandoneón del viejo de la esquina tararea un tango añejo con sabor a nostálgica ginebra para alejar a los fantasmas de los fríos, los del tiempo que son y que fueron. Sus ojos brillan intermitentes al ritmo del tintineo del caer, más por inercia y culpa que por ayuda sentida, de cada moneda que rebota sobre las paredes arrugadas de su lata semivacía.
Finalmente te alejaste, a paso lento, metro a metro, baldosa a baldosa, decímetro a centímetro. Justo antes de doblar la esquina claudicaste. Giraste levemente tu cabeza y una leve sonrisa me terminó de despedir.
Hasta la próxima semana, mi dulce ángel, cuando volverás a masticar forzadamente lo que las limosnas deparan para ti. Y para el viejo del bandoneón de la esquina, que las convierte en pan para tus dientes.
Él, tu amo y eterno fiel compañero.




41 Voces han hablado:
Me ha parecido verlo todo.
Como si lo hubieras fotografiado.
Que bien escribes.
Saludos.
Hoy las frases han dejado paso al hambre, esa terrible lacra que no cesa. Millones de personas abandonadas a su suerte y nosotros derrochando nuestro tiempo, ese tiempo en el cual podríamos salvar a cualquiera de todo.
Hambre. Muerte. Soledad. ¡Qué lejos nos queda estando tan cerca.
Besos
vaya.
Un relato impresionantemente cautivador. Has logrado una instantánea de una escena que posiblemente se repite en cada lugar del mundo con diferentes protagonistas.
Me ha gustado mucho.
Lamento no haber pasado antes.
Gracias por tu comentario y por tu visita.
te he añadido al Reader para no volver a perderme tus escritos.
Saludos.
no tengo palabras...
mil besos*
Están habiendo problemas con los comentarios, quedan registrados pero no se visualizan (en este momento aquí figuran 4 y se visualizan 3). Está pasando también en otros blogs...creo.
Luego de comentar vuelvan a pinchar y a abrir la ventana para verificar que efectivamente hayan quedado registrados.
Gracias
Sospecho que hay un enorme retraso entre la publicacion del comentario y su visualizacion.
Parece que blogger tiene hambre y se come los comentarios. Menos mal que luego los devuelve.
Es muy hermoso tu texto.
Un beso
apareció mi comentario!
sí, ya varias veces pasó ésto, los comentarios aparecen y desparecen en distintos blogs según quien los mire! Parece que a mr Blogger no le caemos muy bien...gracias por el aviso, Vocero!
otro beso*
Hay muchos tipos de hambre, pero todos duelen en el estómago.
El mundo está lleno de manjares pero a veces solo nos llegan migajas.
Un ralato precioso.
Sobrecogedor y tan real que duele solo el pensarlo.
Un abrazo
Rayuela:
Me encantó eso de que aparecen y desaparecen según quien los mire :)
Me has hecho sonreir, me sentí en otro mundo por un instante, como de dibujos animados (de los de antes eh).
La angustia del mundo esta en los ojos del viejo del bandoneón que día tras día descubre verdades que son y que fueron.
Cómo seguir vivo, se preguntará, si solo me acompaña este tango añejo y gris.
Vaya Postal Vocerito mio.
Me han dado ganas de viajar a esa plaza, a escuchar ese bandoneón y lanzar unas monedas.
Un abrazo!
Hola: primera vez que paso por aquí y me ha gustado. Bellos textos. Volveré. Saludos y espero encontrar más nostálgica ginebra (qué perfumada, qué rica, adhiero).
te han dicho alguna vez que eres un impresionista cojonudo?
Sólo me ha faltado olerlo...
Un abrazo
Y una acá retomando lecturas que tenía abandonadas, por falta de tiempo o de internet, cosas de esas que pasan...
Retomando también las sensaciones que aparecen cuando se lo lee, tan sencible y sumergido en tantas realidades, tan presente en lo abstracto, tan dictador de esos silencios que pocos saben descrifrar...
Sabés que te envío mis más sinceros cariños, y debería también enviarte un mail con algunas novedades :)
Era la idea justamente, querido Vocero... que dijeras: "vaaaamos, rro, todos sabemos que acá no tenés que hacer gala de formalidades ni buenos modales" jaja.
Y sí, mepa.
Dictador de silencios... tal vez me expresé mal... pero ahora dejalo así, el misterio a veces es bueno :)
Que cosa más linda este relato! Con tanto tango y nostalgia, me encantó!
Besote
Principessa
Cruel y triste realidad que nos acompaña en el cruce de cada esquina, plasmado con letras tan descrptivas, que hasta he podido observar la lágrima de una anciana que lanzaba su furtiva mirada sobre el lánguido plato.
Como siempre, un placer leerte Vocero.
Inmenso abrazo,
Esta vez he tenido suerte, ya que mi comentario se ha podido visualizar al momento.
Beso
muy buen relato
Buenos días, Vocero!
Sabes sellar sentimientos con palabras... y conseguir que podamos revivirlos al pronunciarlas.
Es un lujo para mí volver a leerte.
Besos y abrazos de mar.
Relato perfecto, pintura exacta. Las palmas? La frase "un tango añejo con sabor a nostálgica ginebra", que me supo a Piazzolla, colándose por las calles del barrio.
Vocero estamos esperando otra entrega suya!!!! Que pasho?
Otra pregunta: podría poner la canción de León Gieco al ingresar al blog?, la otra me sigue dando miedito :)
Beso del color que quieras
el hambre porque queremos o no, la pobreza inventada la pobreza real, la limosna es ayuda, o más bien...en fin tengo mi mirada en el sur, podemos hablar? escribame, si? abrazos!
vocero ahora que vuelvo a firmar, debo decir que cada post me cautiva un poco más lo que escribo. gracias!
absolutamente visual y hermoso texto.
Un abrazo
Ilsa, la que te lee con devoción.
Demasiado tiempo en silencio ¿no?
Espero que todo vaya bien
Un beso
Desapareces, desaparezco ¿reaparecemos?.
Te echo de menos amigo.
Besazos mil.
Triste, bello, y preciso. Como siempre vocero... Espero que estés muy bien. Un gran abrazo.
Se te echa de menos Vocero..¡¡
Pasé a dejarte un gran abrazo.
asombroso
impactante
A veces digo la verdad, deberías, a veces, pero mejor siempre..
Un beso!
sensible texto que he leido, bellamente acompañado por nyman.
un abrazo.
Echo de menos tu voz...
espero que estés bien.
Un abrazo.
Ilsa.
se extrañan sus relatos masturbatorios Sr. Vocero
............????
un abrzo
me alegraste la noche!
miraba peliculas de chaplin con mi viejo cuando era muuuy pequeña.
beso vocero.
Te extraño amigo ¿volvemos?
Besazos.
Gracias a todos por venir y comentar. Los que me conocen un poco más ya saben de mis extrañas y súbitas desapariciones, así como saben que a cada desaparación corresponde otra aparición :))
Me disculpo por no haberlos visitado. Trataré de ponerme al día.
Besos y saludos
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